Durante su juventud fue mostrando la planificación y el racionalismo que lo acompañó durante su vida, puesto que decidió migrar de Italia a un país donde un naturalista como él tuviera un campo inmenso de actividad. Habiendo concebido la idea, estudió cual podría ser este país y por una serie de razones escogió el Perú. En una carta, Raimondi sostiene que fue un cactus gigante que vio en el jardín Botánico de Milán, que lo llevó a concebir la idea del Perú como destino. Él buscaba una tierra virgen donde alguien dedicado a la ciencia, encontrara un proyecto de vida. Lo sorprendente de la carrera de Raimondi es su fidelidad a sus planes juveniles, que desarrolló con gran alcance.
Raimondi también participó del movimiento liberal revolucionario en pro de la unificación italiana conducido por Enrico Garibaldi. El movimiento revolucionario se inició en París el año 1848 y se extendió por toda Europa. Las batallas políticas también se produjeron en Italia; y a continuación la derrota de los revolucionarios llegó en 1849.
El joven Raimondi precipitó su viaje al Perú, el que había planeado realizar con anterioridad pero para unos años después. Así se embarcó en el bergantín Industria en diciembre de 1849 y después de siete meses de navegación llegó al puerto del Callao el 28 de julio de 1850.
Una vez en el Perú, Raimondi pasó por grandes dificultades económicas para instalarse aunque logró superarlas gracias a la protección de Cayetano Heredia. Él era decano de Medicina de la Universidad de San Marcos y lo contrató para que ordene las colecciones de ciencias naturales que había reunido la facultad. Un año después le encargó la cátedra de Zoología y Botánica y de este modo se inició una larga colaboración de Raimondi con la universidad que para aquel entonces estaba situada en la Plaza Italia. Raimondi fue un maestro innovador, amante del trabajo de campo y del experimento en laboratorio.
Desde aquellos años empezaron sus viajes que estaban combinados con el dictado de clases. Así realizaba viajes durante las vacaciones y él denominó esta etapa, como la de los "viajes cortos", período que cubrió los primeros 10 años de su estadía entre nosotros.
Todo este tiempo estuvo soltero y se fue granjeando una reputación profesional. Eran los años del guano y había dinero en el Perú en general y en las arcas fiscales en particular. De tal manera que Raimondi empezó a trabajar como consultor científico al servicio del Estado, realizando viajes pagados por el mismo Estado y presentado informes sobre la situación de determinadas regiones. Por ejemplo, participó de una expedición a las islas Chincha que tenía por objeto medir el volumen de guano para tener una idea del yacimiento. Hasta aquel entonces, no obstante su importancia para la economía nacional, el gobierno carecía de idea sobre cuánto guano había y en cuánto tiempo se agotaría.
Al llegar la década de 1860, Antonio Raimondi era ya una autoridad en el Perú. Para aquel entonces era indudablemente el científico natural más destacado y líder de los pioneros estudios sobre la realidad natural del Perú. Su patrón de carrera era enciclopédico, porque él ingresaba a todas las áreas y ordenes naturales. Por ejemplo, él fue a la vez zoólogo y botánico y también geólogo y geógrafo. Asimismo, Raimondi realizó muy buenas observaciones arqueológicas sobre el Perú antiguo y fue un fino observador de la sociedad y de sus costumbres. Sus conocimientos fueron múltiples y sus habilidades innumerables, incluyendo la cartografía y la museografía.
Ese patrón de carrera enciclopédica era poco frecuente en sus días, correspondía a épocas anteriores y, en los días de Raimondi, en Europa ya había comenzado la especialización de las ciencias naturales. Pero en el Perú, las necesidades eran tantas que permitían a alguien como Raimondi, con energía infatigable, incursionar en todas las disciplinas a la vez, yendo de una a otra para ofrecer una visión panorámica del Perú.
Durante los años 1860, Raimondi emprendió el período de su vida, denominado "los grandes viajes". Estos fueron tres: al norte, centro y sur. Cada uno tardó años y en total el período cubre 10 años. Estos grandes viajes fueron completamente financiados por el Estado, para quien trabajaba presentado informes cuyo interés era promover el conocimiento del Perú para la mejor explotación de sus riquezas.
Raimondi sabía que el Perú era muy mal conocido por los peruanos y se propuso descubrirlo para que se pueda explotar y lograr el bienestar para la nación. En todos estos viajes reunió gigantescas colecciones que han servido de base y fundamento para los museos en el Perú. Estas colecciones fueron básicamente depositadas en el Universidad de San Marcos.
En 1869 Antonio Raimondi se casó con Adela Loli, para aquel entonces él era un cuarentón bastante mayor que su joven esposa. Ella era una huaracina que aspiraba a entrar a la sociedad del brazo de alguien importante, mientras que él lo único que quería era estudiar y realizar pruebas en su laboratorio. El matrimonio no fue feliz aunque hubo una prole de 3 hijos, solo una de las hijas llegó a la vida adulta y murió sin descendencia.
El año 1874 fue la bancarrota fiscal y el Estado quedó sin un centavo. Raimondi ya se había trasladado a Lima con el ánimo de publicar su obra y de realizar un trabajo de gabinete en el hogar, que estaba ubicado en Barrios Altos.
Raimondi pensaba escribir 20 tomos para dar cuenta del Perú en forma integral pero alcanzó a escribir solamente un tomo en forma completa y anotaciones de los dos siguientes. Estos tres tomos han sido publicados y se hallan a disposición de los interesados.
Las falencias económicas del Estado le impidieron continuar con su modo de vida y aunque obtuvo algunas consultorías internacionales empezaron años muy difíciles para Raimondi.
A continuación vino la Guerra del Pacífico y el desastre nacional. Al caer Lima en manos del ejército de Chile, Raimondi salvó las colecciones científicas, trasladándolas de San Marcos a su casa y levantando bandera italiana para proteger el tesoro científico nacional. En esos mismos días, los chilenos estaban saqueando la Biblioteca Nacional y la Universidad de San marcos, y Raimondi logró salvar lo que se pudo.
Después de la derrota, el Perú quedó postrado económicamente y el Estado no pudo reemprender la contratación de Raimondi como consultor científico, de tal modo que continuaron las penurias económicas para él y la falta de oportunidades materiales para concretar su obra escrita y publicar sus conocimientos sobre el Perú. Esta situación lo enojó y lo tornó huraño.
Publicó el primer mapa del Perú, el que sorprendentemente no solo tiene anotaciones geográficas y accidentes naturales, sino también señala poblaciones, calidad de las tierras y observaciones antropológicas. La variedad de informaciones que se haya en este primer mapa del Perú, es tal que constituye un ejemplo de un mapa de recursos y oportunidades al servicio del desarrollo nacional.
En su obra publicada y titulada "El Perú", se halla un mensaje muy simple pero que conserva validez hasta nuestros días. Allí Raimondi sostiene que para lograr el desarrollo del Perú es preciso cesar tanta poliquetería y dedicarse al estudio de la realidad material del país.
Durante sus últimos años, vivió muy encerrado en su casa y recibió poca gente. Conservaba sin embargo algunas aficiones de la juventud, como por ejemplo el gusto por el café, del cual fue siempre un bebedor; y también una dinámica de intenso trabajo que lo hizo dedicarse a fondo a la vida profesional.
En sus días finales, las enfermedades fueron deteriorando su salud y los años le cayeron encima de golpe. En búsqueda de la recuperación de su salud, viajó a San Pedro de Lloc acompañado de su hija Elvira. Allí se instaló en casa de Alejandro Arrigoni, amigo italiano con quien había hecho el viaje al Perú 40 años atrás. En San Pedro de Lloc súbitamente se agravó y falleció el 26 de octubre de 1890.
Lamentablemente sus colecciones se dispersaron y sólo algunas piezas se hallan en el Museo de Historia Natural. Pero la mayor parte se perdió por inacción del Estado y codicia de algunos funcionarios que vendieron sus piezas. Así, un valioso tesoro, que comprendía colecciones salvadas del pillaje chileno, se perdieron por desidia nuestra. Por último, muchas de sus acuarelas y sus objetos personales han sido conservados por el Museo Antonio Raimondi ubicado en el colegio del mismo nombre.
